El proyecto
¿Por qué Santiago?
Una ciudad que es, desde hace siglos, final de un camino. Un emplazamiento singular para acoger un jardín pensado, también, como recorrido.
No es casual proponer un jardín japonés en Santiago de Compostela. Hay una afinidad profunda entre el espíritu del jardín y el espíritu del Camino, y conviene nombrarla.
Dos caminos, una misma forma
El Camino de Santiago y el Kumano Kodō — la red de antiguas rutas de peregrinación en la península de Kii, Japón — son los únicos itinerarios de peregrinación reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Compostela y Kumano firmaron en 1998 un hermanamiento de caminos: quien completa ambos recibe el título de peregrino dual. La cultura del andar como práctica espiritual conecta a las dos tradiciones más de lo que sus geografías sugieren.
Una ciudad de llegada
Santiago no es solo el final de una ruta: es una ciudad acostumbrada a recibir. Cada año cientos de miles de personas concluyen aquí un viaje a pie, en bicicleta, a caballo. Esa hospitalidad cotidiana — ese saber-acoger — es, sin saberlo, el mismo gesto que un jardín japonés ejerce sobre quien lo visita: hacer sitio.
El jardín como camino
Los jardines japoneses tradicionales se diseñan para ser recorridos. No se contemplan desde una sola posición: se atraviesan. Hay piedras de paso (tobi-ishi) que ralentizan el paso para invitar a mirar hacia un detalle concreto. Hay puentes que cambian el ángulo de visión. Hay tramos pensados para acompañar la respiración. Llevar un jardín así a una ciudad que es, ella misma, final de camino, es continuar una conversación que Santiago lleva manteniendo, sin pausa, durante mil años.
Un gesto de hospitalidad recíproca
Galicia recibe cada año peregrinos japoneses que vienen a recorrer el Camino. Devolverles el gesto — ofrecerles aquí, en su lugar de llegada, un jardín que les hable en su propia gramática — es una manera concreta de cuidar la relación entre las dos tradiciones.